Quiero compartirles un pequeño sentipensar de los últimos días:
He tenido el deseo de seguir hablando de libros, tengo algunos reels y reseñas pendientes, pero no he podido hacerlo. Cuando estoy preparando la publicación se siente incorrecto, un poco incongruente.
Las cosas están mal en el mundo, en mi país, en mi ciudad, y eso no me deja tranquila.
No me voy a disculpar por el «spam» de lo que está pasando en Guadalajara, es un reflejo de lo que pasa en Latinoamérica y la gente necesita enterarse; y seguiré difundiendo, mi cuenta es pequeña, pero si logra llegar a una o dos personas, es suficiente. No deberíamos estar luchando por un derecho tan básico como es el agua limpia (y eso sin entrar en lo que sigue sucediendo en el mundo, como el genocidio, el crecimiento de la machosfera o el regreso de la ultraderecha).
¿En qué momento caímos en la distopía?
De pronto, todas esas historias que alguna vez leí, se volvieron lo cotidiano. Lo más terrorífico es que no nos dimos cuenta, solo ya estaban aquí.
Sé que lo que escribo suena muy desesperanzador, y es que así me siento.No pretendo hacer de este escrito algo motivador, solo es un desahogo. Ver la indiferencia de mucha gente, o peor, que apoyen y justifiquen el uso de la violencia simplemente me quita toda mi energía y mi esperanza.
Afortunadamente no he perdido la capacidad de sumergirme en un libro por un rato, sigo haciéndolo y a veces me da un respiro; pero llegar aquí a hablar de eso como si nada pasara afuera, no me hace sentir cómoda…
Al mismo tiempo soy consciente de que leer es resistir, de que las historias están por una razón y hablar de ellas, de algún modo, es seguir hablando de cómo se refleja nuestra realidad. Incluso nos puede llevar a pensar en utopías, en comunidad y en resistencia. Pero por ahora, no me siento con las ganas.
Sé que poco a poco lo iré haciendo, iré regresando, las palabras siempre terminan encontrando mi camino. Lo haré a mi ritmo, no al ritmo que pide el algoritmo para «no perder visibilidad». Las exigencias de las redes sociales también son otro tema, como si nos quisieran mantener alienados.
Por ahora, creo que lo necesito es respetar el ritmo de mis necesidades emocionales: descansar del mundo (un ratito). Leer sin sentir la obligación de publicar. Ver documentales sobre animales y naturaleza (todo aquello que no sea humano me devuelve un poco de ánimo). Abrazar a mis perritas, jugar con ellas, estar presente, recordar que también son mi principal refugio. Mientras escribo esto, Arya se acurruca a mi lado y con su pata me exige que la acaricie, como si supiera que es mejor apartar los ojos de la pantalla y concentrarme en ella, un minuto, cinco minutos, son suficientes para volver a respirar.

Que potentes palabras mi querida Luna, me hiciste afianzar esa calma de que subir contenido o hacernos presentes en las redes sociales no sea desde un lugar de demanda y de producir para que nos hagamos virales o vistas y con ello tener más chamba, porque también subir contenido requiere mucha presencia y observación, es trabajo también y que muchas veces no se valora, así que a nuestro ritmo y descanso 💜🔥🫂